Pescando por el Cabriel

La pesca con mosca, Teruel    Otra vez de pesca, pero hoy toca otro río.

     Un río que recuerdo desde niño cuando en la orilla de una poza, sentados con caña en mano o plantada en la horquilla de un palo, clavado en el borde del río, con el corcho rojo, el plomo y la lombriz en el fondo de la poza, y a esperar, y ¡oye! alguna vez, hasta picaban, era la técnica que se usaba por aquel entonces, cada situación tiene su momento.

Hoy en día muchos pescadores que conozco ya no madrugan como se hacia antes, sobre todo los puristas de la seca, como hasta allá a las diez o las 11 no se pondrán, pues quedamos a eso de las nueve, almorzamos y “pal” río ¿no os ha pasado, o no lo hacéis vosotros también, o no conocéis a algún pescador que lo dice o lo hace?. yo también lo he hecho y no es que desmerezca esa forma de actuar,

hay que pasarlo bien de diferentes maneras, y otras veces hay que hacerlo por las circunstancias, por ejemplo cuando quedas con otro pescador que viene o esta a cierta distancia. Se disfruta mucho ir a almorzar echar el cafecico y se se tercia, hasta un guiñote, eso, también es la pesca.

A mi, cuando puedo y voy solo, me gusta ir “prontico”  al río, me encantan las primeras horas de la mañana para pescar con ninfas, a esas horas las truchas comen en el fondo, así que muchas veces me recuerdan los tiempos del cebo, la diferencia es que que con el cebo la dejabas comer hasta que clavabas, y aquí, muchas se escapan, sobre todo si llevas una buena temporada sin pescar, o tu vas perdiendo reflejos o las truchas también evolucionan. No pasa nada, cada vez se van haciendo menos fallos y alguna vez ganas tu y otra gana la trucha, si se supera esa fase de desesperación se convierte uno en un gran pescador con mosca

Después de toda esta parrafada, os voy a contar esta salida de pesca.  Río Cabriel, siete y pico de la mañana, un poco fría y cero de actividad a simple vista en el río, bueno nos ponemos el uniforme, montamos la escopeta, no perdón, la caña y el carrete y bajamos río abajo a ver el panorama. Nada, no se ve, nada, aguas claras, con las polarizadas se llega a suficiente profundidad si coges un buen ángulo para ver si se mueve algo. Me paro en un “medio pocete” en el que se paraba un poco el agua y ofrecía buena visibilidad, me agacho, me quedo mirando, Devolviéndole a la trucha su libertadcontemplando las aguas cristalinas, y veo una sombra moverse, algo, un movimiento extraño, ¿que podría ser eso?, tiene que ser una trucha. Me froto las manos, como signo de que me espera algo bueno, y también un poco por el frío, agarro la caña, bajo unos cuantos metros hasta alcanzar una buena posición para que baje la ninfa hasta donde tiene que bajar, y lanzo, bien, el lance ha ido perfecto, tiene pinta de trucha, el corazón a cien, ¡chan!, frenazo del hilo, toque en la puntera, tiro a clavar, y ya está, una gran luchadora de unos 22 cm. que salio a comerse mi ninfa con gran aptitud, después de esos maravillosos momentos, la contemple durante unos segundos en mi mano y la devolví con gran satisfacción.

Por lo demás, pues un día mas de pesca sacando alguna truchilla más, pero en definitiva, no estaban muy comedoras, al final de la mañana que calentó un poco el sol, saque algunas a seca, la mayoría de ellas pequeñas. Y por esta vez eso es todo, volveré pronto con mas historias de pesca. Hasta pronto y gracias por visitar este sitio.

La pesca con mosca, Teruel

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